El sábado pasado fue el hito que marcó el regreso de los eventos masivos con pista de baile habilitada, un año y medio después. Qué experiencia nos dejó un evento atípico por sus características, pero deseado por toda una escena.

Fueron muchas idas y vueltas. Entre las autoridades y la situación sanitaria; entre las experiencias de otras naciones y lugares de Argentina. Y el día llegó después de dieciocho meses: Forja volvió a ser la pista de baile para cientos de personas que esperaron por el retorno de los eventos masivos de música electrónica.

Dos mil personas disfrutaron de este primer show que fue, a la vez, una prueba experimental tanto para quienes fuimos como para Buenas Noches Producciones en sí. Sin dudas que en esto pesaron también aquellos ojos (de funcionarios y medios de comunicación tradicionales) que le prestaron mucha atención a lo que sucediera.

En líneas generales, antes de entrar en el detalle y rescatar esta experiencia que se vivió el sábado en Forja, quedó demostrado que la intencionalidad de volver con un método más seguro para lxs asistentes está. Y desde la productora rescataron un balance positivo hacia el final de la noche.

Esta parte de las grandes producciones locales dejó una pauta clara sobre cómo se trabajó y cómo se hará de acá en adelante. Por lo menos mientras intentamos normalizarnos en esta situación de pandemia.

Adaptarse a los tiempos

El ingreso fue organizado dentro de los protocolos que se anunciaron previamente y que conocemos casi de memoria: control de temperatura en la entrada y alcohol en las manos, antes de presentar el ticket de acceso.

Una vez adentro, diferentes personas coronadas con una vincha de luces como identificación de colaboradoras se encargaron de ubicar a los grupos en las burbujas dispuestas, que tenían unos tres metros de ancho por dos de largo.

Esas mismas personas que posicionaron al público en los espacios también cumplieron la función de acercar cualquier pedido que implicase ir a la barra.

A la par, estuvo montado el dispositivo de seguridad para controlar que se respete el protocolo de no romper esas burbujas o el uso de cubrebocas al circular por las instalaciones.

Locales, a pleno

La cartelera musical para el evento, que duró siete horas desde las 7 de la tarde y hasta las 2 de la madrugada, fue cien por ciento argentina: las locales Borovick (@borovick___) y Greta Meier (@gretameier); el coterráneo Lucho Salari (@luchosalari); y Nicolás Rada (@nicorada) y Simón Vuarambón (@simonvuarambon) para cerrar la noche a puro progressive.

Esta elección de nombres marca varias pautas: la apuesta al talento cordobés para renovar los sonidos en las aperturas de cada evento; la suma de DJs femeninas como indica el cupo legal (en 2019, fue una de las productoras con menor participación de ellas); y una nacionalización casi obligada por los protocolos de aislamiento que implica traer a artistas desde el exterior.

La calidad musical de lo que sonó el sábado no tiene lugar a hilar fino en los detalles, porque durante toda la noche se demostró la fineza de la selección de lxs artistas para esta ocasión. Noche que incluyó un b2b entre Rada y Vuarambón casi sobre el cierre, pero éste último se encargó de darle mucha potencia a los minutos finales de su presentación.

Nada de otro mundo

Bailar entre miles de personas, en Forja y en un evento masivo nunca fue tan cómodo. El vicio de la multitud, como reza una de las oraciones de la canción Bye Bye que Tan Bionica lanzó en 2007, se puede sopesar en este formato.

En las burbujas no existen los pisotones sin un pedido de disculpas ni los empujones del que pasa sin decirte «permiso» antes. Las pibas, en palabras de ellas, no vivenciaron algunas de las situaciones incómodas que suelen atravesar en otros ámbitos de fiesta.

Para quienes compraron entradas individuales o no llegaban al cupo máximo del paquete de 6 entradas, la experiencia de compartir burbujas con otras personas también tiene un plus a la hora de sociabilizar. Nada de lo que implicaba ir a un evento y conocer personas por pegar buena onda desapareció, claramente.

El fluir de la música y las buenas energías por estar compartiendo un evento en un lugar donde se extrañó mucho bailar fueron el gran conector entre lxs asistentes. Porque toda esa vibra se sintió el sábado.

Que no pare la fiesta

Sin dudas que no se puede comparar para nada con lo que pasaba antes de marzo de 2020, que la marea de personas bailaba al ritmo de otros cuerpos, en donde sea que haya lugar y espacio.

Pero es algo que hoy todavía representa un riesgo para la salud y que durante más de un año insistimos desde este medio en porqué era necesario buscar las alternativas para que volver a danzar sea bajo la modalidad más segura posible.

«Bailá como si fuera el último Forja», se escuchó al pasar por una de las burbujas. Una literalidad que siempre está latente, pero superada por el deseo de que en realidad esto sea el inicio de la vuelta.

Una vuelta que esperamos mucho tiempo y ya nos impacientaba. Y sucedió. Ojalá no se corte otra vez.