En una entrevista con Doctaclub, el cordobés nos cuenta su mirada sobre la escena local y adelanta algo de su nuevo material.

La puntualidad es algo que para nuestra cultura se convirtió en una virtud destacable, y Closed I la tuvo el día que lo convocamos para conversar con él en La Bodeguita (Belgrano 910, barrio Güemes). Recién comenzaban los días cálidos y era la jornada previa a la llegada de la primavera, lo que ameritó a que la charla fluyera entre algunos sorbos de cerveza que Lisandro, quien atiende el local, nos había servido apenas llegamos.

Closed I se llama Ignacio San Pedro y nació hace 24 años, acá en Córdoba. Estudia Sonido y, como la mayoría de los artistas emergentes, de lunes a viernes ocupa sus tardes trabajando para sostener su día a día mientras que a la par trabaja en su música y ansía la llegada del fin de semana para pinchar en algún club.

En todo momento Closed I se mostró seguro y convencido de que cada declaración que daba la decía con una convicción que se fue formando en su vertiginoso ascenso y sus recorridos por diferentes clubes.

Ahora está terminando de definir lo que será su primer disco, al que solo le falta darle unos toques y anunciar su lanzamiento. El álbum cuenta en primera persona los momentos previos al fin de la vida, de una manera tan cruda como realista, y sólo con música: nada de palabras.

Gastón: ¿Por qué el AKA?

Closed I: Surgió de la costumbre de escuchar música con los ojos cerrados. Me parece que el estímulo visual predomina los sentidos, y cuando uno cierra los ojos se puede, por así decirlo, sumergirse en el audio. Además, como un juego de palabras, la pronunciación en inglés de “ojo” es la misma que la “i”, la inicial de mi nombre, y quedó ahí. Obviamente lo hice cuando tenía 18/19 años, era un pibe y después nunca me molestó.

G: ¿Hace cuánto estás en esto, que dijiste «va enserio»?

C: Creo que la seriedad con la que uno encara el proyecto va mutando. Por ahí al principio son otros los estímulos que hacen involucrarte con la música. De hecho el disco fue una de las primeras veces que dije “Bueno, realmente quiero hacer algo más profundo”. Capaz hace dos años que estoy invirtiendo en equipos para hacer música, tratando de indagar en cómo se crean los sonidos, cómo se logran algunos timbres, cómo se producen los sonidos electrónicos y cómo mezclarlos debidamente …

G: ¿Como fuiste llegando a esto de «me voy a dedicar a la música electrónica»?

C: Es que es muy difícil definirlo porque uno empatiza con un estilo musical sin darse cuenta. Obviamente uno tiene que saber porqué le atrapan las cosas, pero bueno, me gustó desde muy chico y cada vez me gusta más la parte nerd de la síntesis sonora. Que uno pueda escuchar un sonido y poder identificar cómo está hecho, poder deconstruirlo y analizarlo. Es un mundo muy grande y que requiere de mucha experiencia y mucha dedicación. He tomado un curso con uno de los más grandes, para mí, productores de música electrónica en Argentina, Ernesto Romeo. Hace una música que no es comercial, que no es mainstream. Tiene un estudio en Buenos Aires que es una locura y tuve la posibilidad ir a visitarlo. Su perspectiva hacia este mundo electrónico fue una gran fuente de inspiración.

G: Tiene mucho que ver tus influencias, como Tale Of Us, Mind Against

C: Justamente esa rama de la electrónica ha hecho énfasis en la mezcla armónica-melódica con un trabajo minucioso del sonido sintetizado, cabe aclarar que en toda la electrónica en sí está metido ese trabajo, solo que en este caso el enfoque es más profundo. En muchos otros géneros el groove es lo que predomina, por ahí los detalles que se van sumando son más simples pero no es lo principal. Creo que en este sentido el instrumento electrónico que crea el sonido es lo que te da a vos el primer hincapié para meterte a hacer el tema.

G: A medida que fuiste avanzan, te fuiste metiendo, te fue gustando y adentrando de a poco. Cuando llegaste a tu primera fecha, al primer club que te convocaron. Todo ese proceso, ¿te fue pasando rápido? ¿cómo lo fuiste viviendo?

C: Cuando uno mira para atras siempre el tiempo parece que pasa rápido. Las cosas fueron surgiendo sin buscarlo tanto y eso por ahí lo percibo más. La primera fecha importante que tuve fue en Club Berlín, qué son los que más me abrieron sus puertas. Nos regalaron una noche toda completa tocando seis horas junto a mi amigo Franco Rossi (AKA Rotwang). Hicimos un B2B esa noche y por primera vez tuve realmente una fecha en la que toqué desde el arranque hasta que terminó y pude meterme a interpretar al público en todas sus facetas. Es muy difícil salir de ahí una vez que vivís la experiencia.

G: Seguramente empezaste tocando en fiesta de amigos y fuiste escalando. Cuando diste ese giro de salir de la escena under al clubbing, ¿cuáles fueron los primeros cambios que viste y las primeras sensaciones?

C: Los primeros cambios fueron los Warm Up, que es el espacio que tenemos en fechas internacionales. El hecho de escuchar al artista que viene, de poder interpretarlo y poder decir “bueno, ¿cómo voy a hacer yo para que la gente que venga a verlo se sienta cómoda antes de su presentación?”. Buscar que no haya un cambio rotundo en la música, que uno pueda meter un poco de lo que le gusta y combinar el enfoque del artista que sigue. En mi caso me considero una persona versátil en ese sentido, aunque si tuviera que elegir, elegiría el techno siempre.

Me ha pasado con Johannes Brecht, que tiene un estilo muy tranquilo y deep house, que a pesar de nunca tener esa cuestión cruda que tiene el techno, lo puedo gozar muchísimo. Disfruto las buenas producciones, no me gusta cerrarme en un solo género. Sé que el tema de categorizar todo hace que se estructure mal el ideal que cada uno tiene a la hora de escuchar y que te saque la flexibilidad de poder interpretar la música en su totalidad. Me parece que a eso voy y ese cambio si se nota. La música que elijo me pone la piel de gallina y cuando ese momento se comparte y al mismo tiempo la gente lo disfruta, es una adicción mágica.

G: Si tuvieras que haces un repaso de todo lo que viste en la escena, a hoy en día y en lo que se proyecta a futuro: ¿qué análisis hacés del contexto que tenemos en Córdoba?

C: Todavía es una cultura virgen. Obviamente que cuando uno analiza las fecha grandes o las masivas, cuesta todavía. Me parece que cuesta desligarse, por ejemplo, del house, que es la parte más bailable de esta música. No sé si será por el clima o por el país, por lo que sea, nos gusta más el baile, a la gente le gusta bailar, le gusta más otro tipo de estructura a la hora de escuchar la música. Y bueno, es difícil. Me parece que la gente que maneja la mayoría de la cultura electrónica, sobre todo quién elige los artistas, es gente más grande, entonces a los pibes les cuesta un poco más insertarse, porque no hay una relación de confianza. Es un proceso largo, esto arrancó hace 15 años recién y ahora se puede decir que se está consolidando un poco. Podés hacer un Forja ahora y meter 5 mil personas o puede estar Cattáneo y en dos días meter 20 mil.

Creo que Córdoba es una plaza muy importante en el país pero sigue siendo chica en comparación a lo que es Buenos Aires y el mundo en general.

Lamentablemente hay algo de lo que no se puede salir: del negocio y la gente que lo ve como eso. Si no es un negocio, no funciona. Si no lleva gente, no funciona. Si no te conoce nadie, no funciona. Entonces la mirada es más “a ver si es redituable o no”.

Entonces la gente no se arriesga y eso hace que sea difícil. No así como en otro lado, como decir en Europa que hace 25 años que está la cultura electrónica. La mayoría de la juventud está metida, entonces es mucho más fácil que las cosas funcionen. Acá creo que falta, no sé si vamos a llegar a Europa, pero por lo menos le vamos a dar nuestra chispa. Muchos artistas internacionales vienen y dicen: “este público está loco”. La gente que lo disfruta, lo disfruta a pleno, y eso no es poco.

G: Contanos un poco cómo surge la idea del disco, porque a diferencia de otros trabajos, en este decidiste contar una historia, y esa historia.

C: Obviamente fue un proceso largo esa decisión, pero que nace de las ganas de tratar de separar la imagen del DJ, que está con un muy pegada a la fiesta, a lo que es un artista. No quiere decir que un DJ no sea un artista, sino que generalmente acá pasa que muchas personas piensan que ser DJ es una imagen. No quiero que la gente venga por mi imagen, los likes o seguidores sino por cuál es el proyecto que tengo y qué quiero transmitir.

En base a eso surgieron las ganas de hacer un disco, porque lamentablemente no hay muchos discos y no hay mucha gente que escuche discos de electrónica. Yo también soy una persona que me gusta escuchar discos, no solo de electrónica sino de cualquier banda, y tengo ese hábito de ver al disco como un proyecto, como una etapa de cada individuo y de cada artista. Un álbum representa el proceso que vivieron esas personas en ese momento, y para mí también este disco fue eso.

Elegir el suicidio como idea principal en el relato es llamativo, el tema de la vida, la muerte y esa cuestión filosófica, genera un impacto en el que lo escucha. Así como en una buena película (también soy cinéfilo) las partes de la historia, que por más que nunca te hayan pasado, te pueden generar una sensación, un pensamiento, una idea o un cambio en tu forma de ver la vida. Es un tema delicado que me sedujo, me ayudó a que tenga más trascendencia.

Crear una historia, hacer algo que genere un impacto. Tampoco hay muchos discos, casi ninguno, que cuente una historia particular como si fuese una película. Hay muchas cosas que aprendí en el proceso de cómo componer las canciones y cómo pensar una canción antes de hacerla.

Al disco lo planeé antes de componer cualquier cosa. Ya tenía diagramado cómo iba ser cada escena, que iba a pasar, cómo se iba a dar. Leí sobre el suicidio y el existencialismo para profundizar más y que sea más fácil plasmarlo con la música. Hace un año que estoy con esto y no está publicado. De hecho todavía no sé cuando lo voy a publicar, tengo que terminar algunas cuestiones técnicas para poder cerrarlo. Fue un viaje bastante lindo en todas sus etapas, desde de la pre-producción hasta la post. He tenido la suerte de poder compartir este proceso con un productor de música para películas (Jerónimo Piazza), además de entablar un muy buena relación con él. Me ayudó bastante en algunas cuestiones sonoras y musicales. Por ejemplo, en la escena del suicidio, que hay un relato de cuerdas antes y después del suicidio, es una composición que hizo él que capaz yo jamás iba a tener la posibilidad de hacerlo.

Aprendí muchísimo y obviamente que te sirve como un enchufe para seguir metiéndose. Uno empieza a pensar en cómo puede ser un disco en el futuro, no seguir la historia pero por lo menos contar otra en otro disco. Te abre la puerta mentalmente para para hacer otra búsqueda como artista y como productor.