Sumamos más de 90 días sin eventos en la ciudad de Córdoba. Desde entonces, varias cosas pasaron en la escena que nos plantean nuevos paradigmas. Cambios que nos interpelan si los pensamos en mejor profundidad y de manera colectiva.

Uno de los ejes que más nos atraviesa es el impacto en las formas de consumir la electrónica. Todo viene pasando en un espacio tan inmenso como limitante: lo digital. Los streamings posibilitan mantener la vigencia del espíritu de la escena (y sus organizaciones) a través de las pantallas.

Al principio del aislamiento, explotaron “los vivos”. Eso llevó a que se formaran nuevos ciclos en formato de transmisión, variando artistas y usando las diversas plataformas digitales que existen. Sobre todo por artistas emergentes que tienen un nivel de llegada puntual y aprovechan estas herramientas para fortalecer sus presencias.

Más allá del aporte que se hacen desde medios de comunicación, academias y hasta grupos de amigxs que se unen para crear ciclos en vivo, hay un paso más que en los últimos tres meses no se pudo dar. Pero que no deja de ser fundamental darlo.

Es acá donde les invitamos a pensarse como usuarixs. ¿Pagarías por ver un streaming local? ¿Por qué lo harías? ¿Y por qué no? Entre ver un streaming internacional y un festival organizado para artistas locales: ¿qué elegís?

Solo son preguntas. Disparadores en los que nos planteamos cómo consumimos nosotrxs ahora y porqué lo hacemos así. Sin perder de vista que en Córdoba hubo experiencias que se agotaron muy rápido apenas empezada la cuarentena.

Primero, en donar para ayudar a lxs artistas que desde marzo no trabajan, que duró contadas ediciones. Después, un festival de tres días con buenas intenciones para con organizaciones no gubernamentales locales, pero que seguramente pudo haber tenido un mejor impacto.

Las productoras locales detuvieron su marcha abruptamente y tras ello muchos puestos laborales también se quebraron. Para el momento de tener que volver, la situación económica tampoco será la mejor. Entonces: ¿cómo pueden mantener su subsistencia si desde que empezó el año solo hubo tres meses de actividad y sumamos tres más en un parate total?

Los mecanismos para realizar transmisiones en vivo y poder capitalizarlos existen. La inquietud de si funcionará o no teniendo estas experiencias es vox populi dentro de muchas productoras independientes que buscan mantenerse a flote. Por eso la pregunta es para nosotrxs, usuarixs: ¿hasta dónde estamos dispuestos a poner nuestra parte?

Y esto no se acaba con solo ponernos en el lugar de interpelación de cómo consumimos. También en la posición de preguntarles a quienes pudiendo fortalecer la escena de la que dependen todo el año y tienen los recursos, de un modo u otro, están en otra. Posicionándose en espacios que tienen poca incidencia acá o solo memorando una normalidad que ya quedó en el pasado.

Preguntar de cómo teniendo las posibilidades de desarrollar estrategias que repunten a la escena local, están descuidando lo propio siendo que tienen en sus manos las mejores oportunidades para demostrar los frutos de sus décadas de trabajo que influyeron en la altísima calidad musical que se genera en nuestra ciudad.

Son bien recibidos los concursos que visibilizan el nivel de producción de lxs artistas locales. Valorización que hace tiempo debería haber llegado a esos escenarios que ahora, para paliar las complejidades de volver a las cabinas, dependerán de ellxs para cubrir ese cupo que les llevará más tiempo en llenar de nuevo, que son los ocupados por artistas de otras partes del mundo.

Valorización del talento local que tarde o temprano es quien salvó, salva y salvará a las escenas argentinas que poco a poco se ilusionan con su vuelta. Valorización que nos compete como usuarixs exigir. Porque sino lo hacemos desde nuestro lugar, nos quedaremos en la idealización.