Desde la génesis, la cultura queer cordobesa no solo forjó la historia de la electrónica local. Incluso aún hoy son lugares donde la valorización que construimos sobre el respeto y la libertad se ponen en juego.

Esta columna fue realizada para M90Sessions, de M90 Radio FM 89.9 de Rosario. Podés escucharla a continuación.

Por estos días, las calles del centro de Córdoba se llenarían de algarabía y orgullo, levantando las banderas y demandas del colectivo LGBTQI+ como sucede todos los años. Pero la pandemia no hizo posible que suceda en este 2020, aunque la movilización viró a lo virtual.

La historia de la música electrónica dentro de su dimensión social, más que sabido está, le reconoce el fomento y fortalecimiento de su escena a las disidencias. Desde Stonewall en 1969, hasta hoy. Incluso en esta Córdoba aún conservadora desde hace al menos tres décadas, cuando los primeros espacios comenzaron a abrir sus puertas.

En la actualidad, entre la masividad, la heterogeneidad y la mercantilización del orgullo queer, sigue siendo necesario analizar porqué hay espacios que son imprescindibles mantener con su existencia dentro la escena electrónica.

En estos días, Córdoba viviría la marcha del orgullo disidente (La Izquierda Diario)

Dos caminos, el mismo fin

«Tengo muchos pensamientos al respecto, porque he vivido esta evolución desde ambos lados: tanto desde la cabina como desde la pista», comentó el DJ y productor Rodri Vacis a Doctaclub.

Marca dos líneas claras sobre la gestación los espacios queer en Córdoba: bares y clubes con tendencia al pop por un lado; y los más alternativos «donde la música electrónica era la vedette y convocaba un pequeño sector de público queer ávido de lo nuevo».

Vacis, que cuenta con una larga trayectoria, mencionó que siempre le gustó moverse como clubber en las discotecas donde se sentía cómodo: «se daba casi siempre en donde coincidentemente me sentía a gusto con la música. El house, el deep house, el techno o el tribal para mí eran mucho mas seductores que todo lo que paralelamente sonaba en los boliches gay, por eso captaron mi atención».

(@rodrivacis)

Para el artista, hoy esas facetas entre las discotecas y los espacios alternativos convergen de manera positiva: «hay mucha mas libertad y menos rollos en cuanto a la exposición, las tribus van y vienen», recalcó.

«En esta actualidad siento otro tipo de conexión, tal vez por los lugares que frecuento o quizás porque realmente estamos viviendo un cambio real en nuestra manera de establecer relaciones», confía Rodri Vacis. Para él, la escena viene acompañada de la mano del respeto y la aceptación.

Libertad sin prejuicios

Dentro de esos lugares alternativos, en Córdoba apareció hace dos años la Bicha Party, un espacio donde las diversidades lograban expresarse con un esplendor y una libertad que no solía verse en esas otras pistas donde más allá de que la cultura profese el respeto hacia otrx, con las disidencias a veces desaparece este mandamiento.

Sobre el comienzo del proyecto, Yani Baker nos comentó: «surgió para seguir apostando a lugares donde la escena queer de la música techno se vea representada; y donde todos los cuerpos que quieran ir a participar de eso lo puedan hacer».

(@bichaparty)

El camino no les fue sencillo: la nocturnidad tiene los vicios propios de la misma y montar un espacio como este también implicaba complicaciones, incluso, con la Policía. Tampoco es novedad, cuando había situaciones de discriminación en los accesos de varios eventos que se hacían en la ciudad.

«Lo fundamos de manera autogestiva: lo hacemos con la gente y para la gente, que en definitiva es quien contribuye al desarrollo de la escena under; con pasión y amor en un escenario local donde no todo tiene que ser mercantilizado y monopólico. Es el amor a la música«, concretó.

La música como vía de reivindicación

«A estos espacios determinados donde la línea LGTBIQ+ es muy específica en cuanto a estética y contexto, los veo como espacios de expresión bastante mas abiertos y mas diversos«, dice Rodri Vacis.

Entre el repaso de los sonidos que marcaron la escena de estos espacios, rescata el trance, el techno y el break beat que sonaba en Hangar 18; el pop más alternativo y electrónico de El Ojo Bizarro; el house, el auge del minimal y el sonido neoyorkino en Peekaboo (donde fue residente); Lokitas, Zen, Era, Club V, Dorian Gray o el ciclo Friendly Sundays en BlackSheep a principios de esta última década.

Dorian Gray, uno de los espacios que tuvo la ciudad en la última década y media (Archivo)

Por su lado, Yani Baker mencionó antes al techno como estandarte del proyecto de la Bicha. Género que por su representatividad política ejercía en sus eventos un peso completamente acertado, contextualizado y motivaba a una expresión totalmente desprejuiciada en sus asistentes.

Aunque muchas veces la hegemonía respecto a las sexualidades también se hagan parte de estos espacios, siempre seguirán surgiendo aquellos que buscan profundizar en lo que para las disidencias representa ser libres, diversxs y orgullosxs.