La multitudinaria manifestación que se dio ayer en Córdoba, al igual que en muchas ciudades del país, nos dejó una situación que pone en foco a la escena electrónica local. La gran difusión en redes sociales de la rave en el Patio Olmos fue una de las imágenes más llamativas de la concentración en nuestra capital.

Lo de ayer también fue el reflejo de las situaciones ambiguas que se presentan en medio de una pandemia sin precedentes donde se pone en juego el rol de los Estados y las responsabilidades tanto sociales como individuales, ante un contexto que también profundiza una crisis que, como ya hablamos varias veces, venimos arrastrando desde hace tiempo.

Los reclamos de los principales sectores afectados tras las medidas anunciadas por el gobernador Juan Schiaretti el sábado pasado son indudablemente justas: gimnasios, escuelas de danzas y el sector gastronómico, entre otros, que apenas pudieron mantener sus actividades andando durante los últimos tres meses y se ven nuevamente interrumpidas por quince días.

Como también es totalmente certero el reclamo del sector de la musicalización ante la necesidad imperiosa de volver a trabajar. Ahora, entra en juego hasta dónde como usuarixs podemos exigir sin contextualizar; o enarbolarse de discursos negacionistas en medio de protestas que no fueron autoconvocadas, donde no se garantizaron las medidas preventivas y más aún cuando está a la vista el estrés sanitario que estamos atravesando en nuestra provincia.

Y de acá nos surgen las preguntas si nos ponemos a repasar, pensando siempre como consumidores de la escena, lo que sucedió en los últimos meses. ¿Cuántas stories viste en redes sociales de fiestas no habilitadas? ¿todas las que viste cumplían, aunque sea, el requisito de no más de diez personas?

Nadie está exento de esta discusión, menos aún si aunque sea una sola vez decidiste ir a una casa a bailar y rememorar las épocas en la que esta maldita pandemia no existía. Donde igual se pasó el mismo porro de boca en boca o se compartió la misma lata de cerveza. Donde había gente que quizás no conocías y menos aún sabés de sus nexos sociales.

Pero lamentablemente existe y nos exige, al menos, empezar a tomar conciencia de que si también tenemos que convivir con el virus para bailar, se deben tomar las medidas bio-sanitarias necesarias.

Pero ayer no se vio eso. No lo vio nadie. Ni en las decenas de vídeos que circulan desde diferentes ángulos. Solo basta con verlos en cualquier lado, no en los medios de comunicación masivos que ya asumimos que tiran negativismos contra la escena y donde otra vez les dejamos las bandejas servidas.

Mirar a Europa para imitar sus acciones no siempre funciona si se llevan a cabo en el timing incorrecto. Berlín tiene la fuerza de protestar por su escena techno porque ocupa en su economía interna un peso muchísimo más fuerte de lo que es la escena electrónica para Córdoba.

Acá, se hizo en nombre de la bandera nacional y la “libertad” que asumen arrebatada mientras todos los fines de semana siguen promocionando (casi sin ocultarse ya) sus fiestas a través de las redes sociales. Un reclamo totalmente justo terminó siendo un tiro que salió por la culata.

La posición en la que está la electrónica ante nuestros Estados no nos da el espacio para cometer este tipo de errores. Menos haciéndose parte de una manifestación sustentada por otros sectores que también ocupan roles en el mismo Estado contra el que se pretendieron expresar ayer.

Tenemos una temporada de verano inminente como oportunidad de remontar poco a poco la situación laboral y de crisis que atraviesa nuestra escena. Tenemos el tiempo de trabajar en pos de lograr que eso suceda. Pero no solo por nuestra escena, sino también por el personal del servicio sanitario que todavía tiene una larguísima lucha en el frente de combate. El respeto también hace a la salud.