Confinamiento otra vez. De nuevo las restricciones alcanzan a las últimas actividades que dentro de todo daban un margen a trabajar de manera segura en el rubro de la musicalización. Pero ofrecer esto como un déjà vu del 2020 es casi un negacionismo de que la situación de ahora, en realidad, estaba cantadísima.

Desde hace más de un año estamos viendo y analizando las experiencias que las escenas de otras partes atravesaron para resistir a esta crisis sanitaria mundial, que tiene ahora a la Argentina en la cabeza de los peores rankings por los niveles de contagio y mortalidad; mientras avanza la vacunación, en medio de un panorama mundial también desigual respecto a la inmunización.

Por cierto, también seguimos ante las mismas problemáticas, potenciadas por otras cuestiones que le suman gravedad al asunto: las responsabilidades colectivas e individuales y las (in)acciones del Estado provincial ante una situación que está más que claro que no supo manejar. Y lo poco que se piensa localmente en que muchos no se hacen cargo de la parte que les toca.

Previo al verano pasado y durante el mismo, en varias líneas desde este medio advertíamos que si no había una preparación para garantizar las pistas seguras y así evitar un nuevo estallido sanitario, las fiestas inseguras se van a enquistar tanto, que ante una nueva restricción nada iba a garantizar que se terminaran. Casi 130 fiestas desarticuladas solo en la provincia de Córdoba en menos de 48 horas este fin de semana.

Y no estamos hablando tímidamente de «fiestas» donde se juntan diez amigxs a pasar de largo, sino de la temeridad de quienes montaron y mantienen toda una actividad comercial para seguir haciéndose de sus billetes en este contexto sanitario actual.

Y ante el panorama al que nos enfrentamos de nuevo, surge la pregunta desde la parte que nos concierne acá: ¿creen que están intentando salvar a la escena y a sus trabajadorxs?

El año pasado en Córdoba, el 60% indicó que más de la mitad de sus ingresos se sustenta de la actividad musical. No es descabellado pensar que estxs pueden terminan recurriendo a un evento inseguro para seguir garantizando ese ingreso que les permite comer. Pues, legalmente la actividad quedó restringida otra vez.

¿Pero se puede decir que piensan en lxs trabajadrxs aquellas personas que se llenan los bolsillos organizando eventos de gran concurrencia sin ningún protocolo, a costa de la seguridad sanitaria de una persona que por necesidad intenta cubrir ese ingreso?

¿La están salvando quienes inflan su ego después de quedarse con la mayor ganancia de su evento inseguro, a costas de la exposición de lxs trabajadorxs de la escena, que cobra apenas un porcentaje ínfimo de esa caja chica?

Ahora, el contexto tiene una gravedad mayor a cuando lo discutíamos el año pasado y requiere que como escena pongamos en relieve la discusión sobre qué cuidados se les está garantizando a lxs trabajadorxs de nuestra cultura, al margen de las actividades de organizaciones y gestorxs culturales que vienen trabajando en mantener como sea la actividad habilitada y segura.

Los índices de la situación sanitaria en Córdoba capital, al 22 de mayo (La Voz del Interior)

Sin trabajo, no hay salud. Si una persona se alimenta a sí misma o a su familia con este trabajo, es esencial. Pero no es saludable ni esencial abusar de la necesidad que las personas tienen para trabajar ni seguir jugando a la rebeldía disfrazada del «aguante» a la electrónica para seguir exponiéndonos en el peor momento de la pandemia en nuestro país.

La lucha tiene que apuntar a que todos los niveles del Estado sigan reconociendo a la cultura, no solo la electrónica, como parte del sistema productivo. Y que esto implique contener a las personas que están viendo otra vez restringidas sus posibilidades de ingresos con un trabajo seguro y con protocolos.

Y que de paso sirva de puntapié para seguir insistiendo también en generar los mecanismos en el Estado correspondientes que contemplen a la cultura ante futuras situaciones críticas como las que se están atravesando.

Porque a la vista quedó que en el mercado, al menos el ilegal, tampoco está la salvación. Menos si sigue pensando en llenar sus bolsillos a costa de las necesidades de trabajo y el colapso de la salud pública. ¿De verdad creen la están salvando?