Con el verano en marcha y los eventos inseguros cada vez más descontrolados, algo está claro: se sabía que esto iba a pasar. Estamos a la merced de las decisiones gubernamentales y la irresponsabilidad individual.

En noviembre, se anunció que Nación permitía mediante un decreto el desarrollo de espectáculos públicos. Así, se abrió la puerta al entusiasmo de que en Córdoba vuelvan los eventos, con aforo reducido y estrictas medidas sanitarias.

Lo que siguió después, a principios de diciembre, fueron días de polémicas, idas y vueltas. Al principio, el Gobierno cortó tajantemente toda posibilidad de retorno y estallaron los empresarios del sector. Después para calmar las aguas se pusieron a negociar el protocolo. Y si todo cerraba, se daba el okey.

Pero algo pasó el 18 de diciembre y volvió a arder todo dentro de la Cámara de la Industria de Espectáculos y Afines (CIEyA) que nuclea a productoras, sobre todo las de mayor peso de Córdoba, incluidas las de la escena electrónica.

Y el 21 de diciembre llegó la determinación oficial de no permitir ningún concierto ni boliche hasta al menos el 31 de marzo, según el decreto 1033/20. Solamente se permiten «eventos sociales, culturales, recreativos o religiosos» al aire libre con hasta 100 personas.

Vayamos a lo inseguro

El sector de la nocturnidad fue más cruda en su reacción: «quién va a ser el dueño de los muertos», dijeron en un comunicado. A esto, especialistas sanitarios respondieron: «no es en contra de los boliches; son conceptos que el mundo los están poniendo en practica para evitar los contagios».

A la vista está que la prohibición no hace otra cosa más que seguir movilizando a cientos de personas a volcarse a los eventos no habilitados, donde no se exigen medidas de seguridad alguna. Con los riesgos que ello implica.

Y debemos sincerarnos: si no hay una organización detrás asegurando que se cumplan los protocolos, está clarísimo que la responsabilidad individual no es algo de lo que podamos confiarnos para nada. Y así, se achica el margen para solicitar garantizar pistas de baile seguras.

Pero para quienes llevan adelante las producciones de menor escala y presupuesto también hay otra barrera con la que se encuentran: asegurar todos los elementos protocolares son un costo importante, que deben trasladarse al valor de las entradas.

Dando pasos en la playa

«La clandestinidad llegó para quedarse, se van a seguir juntando y cada vez con más producción», dijo a Doctaclub uno de los integrantes del equipo de Mute Mar del Plata, Sebastián Zabalia (@nociruno), cuando le preguntamos sobre la posibilidad de un toque de queda en la Costa Atlántica (que finalmente se descartó).

El parador costero inauguró la temporada del 2021 con Cuartero y Michael Bibi. Este finde se viene doble fecha de Artbat. Mientras tanto, también se desarrollan eventos durante la tarde.

«La gente se divierte y la verdad es que si elegís bien tu grupo la pasas de diez. Las burbujas tienen catorce metros cuadrados y sobra espacio para que bailen 10 personas«, agregó Zabalia.

Sobre el procedimiento, explicó que se toman reservas, en la entrada se mide la temperatura, se pone alcohol en gel y colaboradores acompañan a los grupos hasta las burbujas.

«Se les presenta la camarería, se les entrega la carta y todo el personal usa el barbijo. Y quienes asisten, pueden sacárselo en sus espacios, salvo para moverse dentro de las instalaciones», resaltó.

En la playa, las burbujas sociales son para hasta diez personas (Gentileza Mute)

Una espina en el debate

También se mencionó un hecho que acá y en otros puntos del país no se nos escapa: mientras más restrictiva sea la actividad, más costoso es el acceso; acortando la posibilidad para quienes no tengan el bolsillo para sostener una salida cuidada y, en efecto, caen de nuevo en un lugar sin seguridad.

Para Navidad y Año Nuevo, por ejemplo, en la ciudad santafesina de Rafaela se permitieron a dos organizadoras desarrollar sus respectivos eventos. Contemplaban hasta diez burbujas de veinte personas cada una, con una entrada que superaba los $1.500 como piso. Las suspendieron por bajas ventas, y en parte esto también se debía a lo poco atractivo de las ofertas.

Uno de los predios contaba con un espacio abierto de hasta ocho hectáreas, lo cuál también surge otra pregunta clave para hacerse: ¿hay predios al aire libre en Córdoba capital que pueda permitir algo similar? Contados con los dedos, salvo que salgamos un poco hacia el Gran Córdoba (el transporte de pasajeros limitado, otro factor).

Seguro pensaste en este lugar primero: El Bosque, donde se hizo la GRUV en 2019.

Estamos donde sabíamos que íbamos a estar

En definitiva, diez meses después nos seguimos encontrando con estas retóricas. Que no están los espacios, que no dan los protocolos, que las autoridades hacen y deshacen medidas; y todo sigue parado.

Como también, en medio de un preocupante aumento de casos y relajación en la prevención, en estos días las máximas dirigencias estatales están apuntando a la juventud como factor principal del inminente repunte de la crisis sanitaria.

Pero hay que ser claros: el panorama que tenemos hoy sobre las fiestas no habilitadas, en pleno verano, se veía venir desde hace meses. Y en parte por esto estamos acá, preguntándonos aún qué hace falta hacer para trabajar en el principal dolor de cabeza de las autoridades.

Porque parece que la regulación para generar espacios seguros tampoco es opción para quienes toman las decisiones. Pese a las amenazas de las multas o de enfrentarse a una causa judicial, seguimos entregadxs a la responsabilidad o irresponsabilidad individual. Al sálvese quien pueda, y quiera.

Este Año Nuevo, la polémica fue la fiesta de tres días en Cuesta Blanca (La Voz)