Las protestas en Estados Unidos visibilizan los estragos del racismo estructural. Tan estructural, que la encontramos desde las raíces del techno hasta en la actualidad de la industria de la electrónica.

La imagen circuló por todas las redes sociales. Es un edificio policial ardiendo. Fue durante las protestas ocurridas en la ciudad estadounidense de Minneapolis (Minnesota) luego de que un policía asesinó a George Floyd, el pasado lunes 25. Las movilizaciones ahora se extendieron con volatilidad por otras ciudades.

Esto pone en evidencia una vez más las ya reconocidas consecuencias de la discriminación racial naturalizada en la sociedad norteamericana, y que tampoco nos exime de interpelación al resto de la sociedad mundial.

La escena electrónica no escapa de esta discusión. Desde la Detroit cuna del techno hasta el funcionamiento de la industria actual. Género que desde su surgimiento ha transitado el mismo camino que, por ejemplo, el blues. O sin irnos tan lejos, el tango rioplatense: hay una base completamente representativa de un sector popular, pero hay una apropiación de una clase dominante que “la eleva al éxito” y le quita ciertos reconocimientos a sus verdaderos orígenes.

Las protestas se extendieron a muchas ciudades del país (EFE)

Desde las raíces

Tanto Detroit como Minneapolis atravesaron una oleada de migración a mitad del siglo XX que generó un fuerte crecimiento demográfico, impulsado por la instalación de grandes automotrices.

Una parte de la planta de operarios de la línea de producción eran afroamericanos. Como estas industrias motorizaron la economía en general, también había otros puestos laborales para cubrir. Particularmente en Minneapolis, los barrios “de los blancos” eran pocos y bien marcados, porque durante muchas décadas existieron normativas extremadamente racistas que prohibía la compra de terrenos a personas “no blancas” (sic) en determinados puntos de la ciudad.

La fuerte recesión económica de mediados de la década del ‘70 afectó seriamente la industria clave. Para 1980, el área metropolitana de Detroit llegaba a los 4,3 millones y actualmente acumula seis décadas de descenso poblacional. En tanto, Minneapolis pisaba entonces los 2,3 millones. En esta última ciudad se había instalado la fábrica de Ford.

(Black to techno)

Pero la emigración en Detroit fue mayoritariamente de “los blancos”: pasaron de representar el 83% de la población en los ‘50, al 55% en 1970 y llegar al 34% en los ‘80. Entonces, la población afroamericana comenzó a tener mayor representatividad en el medio de una crisis que generó un desempleo brutal y tras ello altos índices de pobreza.

En ese contexto es que surgió el techno. Sabemos dónde se inspiraron sonoramente y que era una forma de expresión totalmente política ante esa realidad. Y sucedió en ambas ciudades, pero la de Minneapolis no logró tener el peso necesario para la trascendencia internacional con la que se reconoce al origen del género en Detroit. Se puede decir que se debe a que la fortaleza de una es por la profundidad de la crisis que vivió, porque Detroit sufrió demasiado.

Nada resuelto

El documental Black to Techno, de Jenn Nkiru, rescata esa parte inicial de la historia. En 20 minutos, expone una evidencia sutil pero contundente de que la segregación racial existe hasta para hablar del nacimiento del techno.

Su mensaje llega a una comparación fuertísima con lo sucedido en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial y en la etapa final previa a la caída del Muro de Berlín, suceso histórico que marcó la masificación del techno en la capital germana. 

Y como arrastre de su historia en sí, en la actualidad las cosas todavía no están tan resueltas. En 2016, Juan Atkins, uno de los máximos referentes del techno detroitino, calificó de racista al ranking de The DJ List sobre los 100 mejores artistas de la música dance. Consideró que debía ser eliminada, porque solamente incluyó dos artistas afrodescendientes y se los ubicó en los dos últimos puestos.

Y entonces instaló la pregunta: ¿qué sucede con Jeff Mills, Kevin Saunderson, Derrick May, Mike Huckaby, Moodymann, Delano Smith y muchos otros DJs que no solo ayudaron a dar forma a la música de baile, sino que siguen siendo fuertes al día de hoy?

Debates y reparaciones

En febrero pasado, la fundadora de la agencia Discwoman, Frankie Decaiza Hutchinson reclamó que festivales techno como el Awakenings no son verdaderamente representativos: “es tan débil cómo la gente preferiría culpar a los excluidos en vez de preguntarse lo jodido que es tener un festival de más de 100 presentaciones, con solo 5-10 negros”. La agencia de Nueva York se enfoca en DJ de entornos marginados de la megápolis.

En tanto del otro lado del país, en Los Ángeles, la discriminación racial llevó a la creación de Rave Reaparations: un experimento social donde se busca que promotores y asistentes puedan tener un trato justo en las pistas y en la gestión de clubs nocturnos. En la ciudad californiana son muchas las trabas burocráticas y económicas que injustamente se les imponen a lxs promotores solo por ser negrxs.

Incluso retrata también cómo es el trato a lxs asistentes, donde la organización pone énfasis en un grupo doblemente segregado: lxs negrxs queers. “La iniciativa tiene como objetivo ayudar a construir relaciones entre DJ negros locales, específicamente los promotores queers/femeninas/ bipoc del house y el techno que en gran medida no pertenecen a estas comunidades”, rezan.

Este tipo de consignas han llevado incluso que la discusión social de la “reparación histórica” en la que se adentró Estados Unidos en los últimos años fuera puesta en foco en los debates presidenciales por las elecciones de este año. 

En fin. Eventos como los vistos en Minneapolis siempre tienen un trasfondo social e histórico que los explican.Y el racismo tiene una encarnación tal en la estructura política de un país, que no dimensionamos hasta donde se mete. A tal punto, que ahora se siente decepcionante conocer que también sigue siendo parte en la historia de un género que amamos tanto. Nunca es tarde para hablarlo.