Se sabe (y se percibe) que son por millones, pero nadie quiere cuantificar las pérdidas. Las restricciones por varias semanas debido a la pandemia del COVID-19 es un duro golpe para las productoras, artistas y demás trabajadorxs en la escena local. Pero solo es un factor más y su coletazo profundiza una crisis que no es para nada nueva.

Los últimos años de recesión económica y de inestabilidad cambiaria siguió cavando el pozo que se hace rato se sabe que existe, con clubes que fueron cerrando y quedando en el recuerdo. A ello, también viene una serie de desvalorizaciones al trabajo de muchas personas, no solo a quienes suben a las cabinas, sino también en otras aristas: diseñadorxs, comunicadorxs, artistas visuales, entre otras.

¿No te preguntaste por qué hay clubes de renombre que hoy, a esta altura del año que nos tenían acostumbrados a largar sus temporadas, ya no abren más; o cuyos logos aparecen relegados como “segundas pistas” en las discos que los amparaban?

Si bien las grandes producciones también deberán enfrentar las importantísimas pérdidas por la cancelación de eventos producto de las medidas sanitarias, a los clubes locales les será demasiado difícil remontar esta situación ya que no cuentan con la misma espalda económica que las otras sí tienen. Sobre todo pensando en que durante los últimos años fueron esas las que menos perdieron ante la crisis socioeconómica que aún persiste en Argentina.

Son muchas las productoras locales que, con capitales más modestos que otras, quieren valorizar la escena con apuestas de alta calidad. Pero no todas prosperan y se disuelven antes del primer semestre. Algunas por decisiones que destruyen sus arcas, pero otras simplemente no llegan porque los números no les cierran por diversos factores.

Y he aquí donde tenemos que empezar a hacer el foco con la lupa. ¿Cuánto cuesta habilitar un evento ante las autoridades? ¿Y las medidas de seguridad exigidas? ¿Qué limitaciones hay en los espacios que se pueden habilitar? Y un sinfín de preguntas que también tenemos que plantearnos respecto a la relación de los actores de la escena con las políticas locales.

No solo es debatir cómo el Estado puede ayudar a incentivar un sector que indudablemente ya es un capital cultural de Córdoba, sino cómo nos unimos entre todas las partes para comenzar a darle forma a las acciones que necesitamos desarrollar para evitar que la crisis siga generando cierres y, con ello, pérdidas de puestos laborales.

Cada productora que desaparece, por más que surjan nuevas o tengan las mismas caras pero con distinto nombre comercial, implica seguir limitando la organización de eventos en pocas manos. Y la poca heterogeneidad no es para nada saludable. En ningún rubro.

No es solo el COVID-19 el culpable de que bajar las persianas por prevención sanitaria sea hoy demasiado preocupante para todxs. Es tiempo de insistir en que bancar la cultura local no es solamente ir al show internacional por el simple hecho de que lo baja una productora cordobesa. Lxs talentos locales no siempre tienen lugar en esas cabinas, por lo que dependen de otros espacios para estar en vigencia.

Y no, no estamos diciendo “hay que dejar de ir a las grandes fiestas”. Estamos diciendo que nuestra escena subsistirá siempre y cuando las productoras independientes y/o autogestivas tengan el soporte que necesitan. No solo del público que asista, sino de toda la comunidad, incluidas las autoridades.

Que esta situación que estamos atravesando toda la sociedad sirva de paso para repensar cada unx sobre lo que necesitamos hacer para comenzar a remontar las cosas en nuestra escena.