Pensar en la paridad de género en las cabinas también va más allá de una ley que establezca cupos: los espacios donde se toman las decisiones.

El contexto que estamos atravesando nos sigue motivando a repensar nuestra escena y a considerar nuevas formas de trabajo alternativas a las acciones habituales y en las formas creativas de transmitir lo que hacemos. No obstante, nos parece incompleto idear una nueva realidad sin preguntarnos qué sucederá con la paridad de género en la escena electrónica.

A fines de 2019, y en medio de una ebullición social, se aprobó la ley 27.539, que exige un 30% de participación de mujeres y disidencias en festivales. Recordemos que el relevamiento realizado por Doctaclub demostró que en la escena electrónica esa cifra no sólo no se cumplió el año pasado, sino que el cupo estimado (13,6 %) no representó ni la mitad de la cifra que exige la legislación.

¿Cómo podemos aportar a una escena más justa? Además de una ley que busca revertir una desigualdad que existe desde siempre en la industria musical, hay otros ejes para repensar. Una encuesta realizada por el INAMU (Instituto Nacional de la Música), muestra que el 63 % de las mujeres músicas fueron discriminadas o sufrieron una situación de violencia por su condición de género.

Nada nuevo

Nunca la escena electrónica puede decir que está exenta de esta realidad: el sistema patriarcal se manifiesta no sólo en el acceso a las cabinas sino que está presente en todo el ámbito musical

Se habilita el acceso y la permanencia de varones cis en los escenarios y en puestos de producción que invisibiliza el accionar de las mujeres y disidencias. De esta manera, se refuerza y perpetúa un sistema de roles y estereotipos, basados en prejuicios sexistas, sin tener en cuenta las habilidades propias del artista. Lo que da como resultado una escena predominantemente masculina.

Vale aclarar que estas exclusiones dadas por el género son tan históricas en la electrónica como en lo social. Empezando, por ejemplo, en dejarnos relegadas en los estudios científicos desde los primeros años, cuando la música electroacústica era una experimentación.

Cuando mujeres como Wendy Carlos fueron cada vez más invisibilizadas a la hora de repasar los hechos históricos, como en este caso es ni más ni menos que la reivindicación de ser la primera persona en crear un sintetizador de uso comercial. Es decir, fue ella quien dio el gran paso para la creación de los primeros sonidos electrónicos que sentaron las bases del género.

Wendy Carlos es una de las creadoras del primer sintetizador de uso comercial.

Todos varones

Nos preguntamos entonces si la falta de paridad en las cabinas es consecuencia de la disparidad que también existe en los lugares donde se toman las decisiones. Aprovechando el Instagram Live que emite cada martes Vésica Piscis, preguntamos qué pensaban de esto. 

Andrea Názaro (gestora y productora) dijo lo siguiente: “no hay tanto acceso para mujeres. En todas las productoras son hombres”. “No hay mujeres en las mesas chicas”, agregó y resaltó que esto hace muy difícil hacer un cambio.

Por su lado, la DJ Magda Speranza en esa misma transmisión también repasó su experiencia en donde contó que muchas veces presentó propuestas para aumentar la participación femenina en las bandejas. Los varones decían que no, y hasta no hace mucho lo seguían diciendo.

Resulta imperioso, entonces, que además de exigir nuestro lugar en las cabinas también se puedan conquistar esos lugares de poder y decisión sobre la escena electrónica. Que más mujeres y disidencias formen parte de la “mesa chica”. Que tengan injerencia en la toma de decisiones que les afectan va a traer como resultado una escena más inclusiva y heterogénea.

Vésica Piscis, un espacio que pone en mesa la discusión de la paridad de género en la escena.