Por qué las entradas diferenciadas son un ‘’beneficio’’ que cosifica a las mujeres y que debemos rechazar.
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Cuántas son?”, pregunta el patovica parado en la puerta de una casa, previo a un after. “Ella pasa, ustedes no”, y los pecharon de la puerta porque eran más que ella, en otra casa, en barrio Alberdi, una mañana a principios de este verano. “¡Mujeres gratis! Ellos $150”, promocionan lxs públicas de varios clubes de Córdoba. Y así, la escena se repite en todos los ámbitos, incluso en el nuestro, donde se supone todo más igualitario en la pista.

Poner en discusión esto no debe implicar para quienes hacemos la escena recurrir a la innecesaria victimización masculina de usar el argumento de “piden igualdad pero no pagan entrada”, mucho menos intentar poner esto como contraparte a responder al activismo feminista que atraviesa nuestra sociedad. Es caer bajo, muy bajo.

Uno de los principales puntos de la lucha tiene que ver con la inequidad salarial, donde el varón es quien gana más dinero que la mujer en muchos ámbitos laborales en la que las tareas son prácticamente las mismas. El tema es que para el acceso a los clubes, hoy, no es este el principal justificativo para seguir manteniendo la conducta de la diferenciación en el precio del acceso.

Las entradas diferenciadas no solamente son una cuestión discriminatoria sexista, sino también otra forma más en la que la estructura patriarcal, que por suerte tan en jaque está en esta época, afianza la cosificación de la mujer como producto de consumo dentro de las pistas de baile.

Es innegable: la nocturnidad se caracteriza por ser uno de los sectores donde más se desnudan los comportamientos culturalmente instalados por la patriarcalidad, donde los niveles de acoso se intensifican y las actitudes para con ellas son más degradantes de las que ya de por sí tienen que soportar en el día a día, en cualquier espacio.

Acceder sin pagar a los clubes se disfraza de una pseudo caballerosidad por parte del local que lo promociona. Lo que se presenta como un guiño para ellas, en realidad necesita ser financiado. El discurso que se enmascara no es más que una rancia lógica comercial: si los hombres van a los clubes donde hay mujeres que van porque les ofrecen el acceso gratis, consiguen al público femenino y por lógica atraerá al masculino.

En épocas de cambios muy grandes impulsados por nuestra generación, hay quienes dándose cuenta de esto cambian sus comportamientos. Donde grupos de amigxs deciden cubrir el gasto de que solo ellos paguen, donde ellas aportan. Una forma de corromper estos actos por parte de los clubes.

Parte de nuestra cultura es entender que a nuestro movimiento lo conformamos todxs. En donde hay un abanico de identidades y en donde podemos encontrar un espacio para expresarnos y ser nosotrxs mismxs. Es un espacio en el que cada quien puede sentirse cómodx con quien es y con quien quiere ser cada noche, cada día, en cada momento, porque la música es la única protagonista y la que nos une.

Celebramos y celebraremos cada acto en pro de la equidad de género y los espacios libres de machismo y de acoso sexual. En donde nuestras pares puedan vestirse como quieran sin tener miedo de ser abusadas, y nuestros pares puedan hacerlo sin el miedo de ser juzgados.

Celebramos y celebraremos esos espacios en donde a todxs se nos corta con la misma tijera, en donde pagamos el mismo precio de una entrada y el cacheo es para nadie o para todxs. En donde puesta o careta, a la piba se la respeta.

No celebramos la fiesta por el jolgorio. La celebramos y abrazamos el jolgorio porque somos un movimiento que milita libertad a través de la música, la danza y el arte en general en espacios seguros y libres de prejuicios. Y para nosotrxs, esto es parte de la libertad: pagamos todxs o no paga nadie.