Un «delirio» llevado a la realidad que se convirtió en cenizas. El incendio terminó con uno de los sitios que prometía elevar la vara en el circuito electrónico de la Comarca Andina.

La publicación es del 26 de enero de este año, mientras ardía el bosque. Pero a la vez se hizo premonitoria a lo que pasó semanas después: «alguien asesinó mi tierra. Perdón a aquellos que no lo sientan, pero no tengo palabras para describir lo que me duele».

Lo escribió Fabio Hernán Valle, la cabeza al frente del proyecto Oregon Fest (@oregonfest), un festival de música electrónica que se desarrolló en tres oportunidades en las cercanías de El Bolsón, en la Comarca Andina.

Fabio no solo siente el dolor de haber perdido más de diez años de trabajo, sino que además lo siente como hijo de esa propia tierra que ardió. Sus genes están arraigados desde hace más de cuatro siglos, junto a la comunidad originaria Kelluwen, que significa «personas que se ayudan mutuamente».

Concretar lo que parecía imposible

En conversación con Doctaclub, Fabio nos comentó que es sonidista y también DJ. «Amo la música, y juntando todo esto y mi campo pensé: acá tengo que hacer algo», introdujo.

El entorno natural sin lugar a dudas era la clave para que Fabio llevara a cabo lo que consideró «un delirio» y hacerlo realidad: «el bosque, el oxígeno, la madera, la altura y la temperatura harán que suene tremendo. Llevé un equipo pequeño y probé: sonó tremendo», comentó.

Y así a la idea se sumaron amistades que ayudaron a ponerlo en marcha, lo que implicó mucho esfuerzo y dinero: cuatrocientos metros de gruesos cables para llevar la energía trifásica (más todos los tableros eléctricos), una barra, un espacio tipo bar y la cabina. Todo esto, adaptado al entorno natural.

La inspiración del nombre vino de un árbol con gran presencia en el lugar: el oregón, una especie de abeto.

La cabina montada en el predio donde se desarrollaba el evento (Oregon Fest)

El día que la tierra ardió

«Amo la tierra , la música y compartirlas. Nunca gané nada haciendo estos eventos, pero si recibí la satisfacción de conocer muy buenas personas en general», repasó Fabio.

Comentó, por ejemplo, cuando Kevin Di Serna fue uno de los artistas invitados a tocar motivado por las diferentes formas de concientización que el DJ promueve en distintos ámbitos, usando la música y la naturaleza como vía para canalizarlas.

Pero como si los veranos anteriores o el último enero no hubiese parecido suficiente con la negligencia, llegó este fatídico marzo en el que tierra que aún no había sido quemada se terminó por consumir: «me dejó sin nada; se quemó mi trabajo de quince años consecutivos», lamentó.

«Se me quemaron bombas de agua, mangueras, más de 600 metros de iluminación para que la gente camine por el bosque y llegue hasta donde estaba la escena», repasó sobre algunas de las pérdidas que lamenta, sumado a mucha vegetación autóctona y estructuras que había logrado montar.

Y acotó: «creo que nadie podrá ayudarme, es solo volver a empezar con las ganas de siempre». «El Estado exige y obliga a cumplir con las cosas, pero cuando hoy lo necesitás, no está: no pido dinero, solo herramientas para poder seguir trabajando», añadió Fabio.

Lo que era la barra del lugar, tras el paso del fuego (Oregon Fest)

¿Quién está loco?

«Poner las fuerzas en la música también es arte y saber trabajar en todos los oficios te lleva a lograr estos eventos, por eso me gustaría que se vieran nuestros esfuerzos», resaltó el sonidista y DJ.

Y a partir de la desgracia, las reflexiones de la que ninguno de quienes estamos fuera de esas latitudes podemos ignorar. «Me gustaría que quienes escuchamos esta, y otras músicas, seamos los que demostremos que somos: la parte evolutiva, y no los «locos» y «drogadictos» como nos suelen catalogar», concluyó.

«La primera vez juntamos 600 personas y colaboraron en juntar cada papelito tirado en el suelo. Hoy, seis personas nos quitaron todo: ¿quién está loco?», cerró.