En las últimas semanas, las identidades femeninas y las diversidades de Córdoba debatieron con fuerza sobre algunas cuestiones que siguen poniendo la lupa sobre en cómo avanza la electrónica para achicar las brechas de las desigualdades en la escena.

Al principio, el foco recayó sobre la llamativa diferenciación para el reconocimiento de las artistas femeninas, con respecto al resto de las categorías. Ahora, se insiste necesariamente en el porqué siguen viéndose contrataciones a artistas masculinos que fueron acusados de cometer algún tipo de violencia.

«La causa es de hace un tiempo y ya está cerrada. No sé porqué ahora saltan con esto». La frase la dijo durante una reunión un integrante de un club cordobés, cuando en 2018, por segundo año consecutivo, nos pusimos en alerta por la contratación de Betoko. Mesa que, al final, decidió seguir adelante con una fecha en la que sus asistentes tampoco podían decir que desconocían esta situación.

Casi tres años después, dentro de la escena electrónica todavía hay cuestiones que están costando mucho erradicar. Se saben que están ahí, nadie las niega. Bajo la excusa “del aguante” a todo lo que sea la electrónica hay una pesadísima conformidad con ignorarlas.

Este último tiempo se lograron importantes avances en puntos que se visibilizan y se debaten constantemente. Se generaron espacios de encuentros entre pares donde se construye todo lo posible para cambiar eso que ya no va más. Y sí: somos una cultura y todo lo que atraviese a la sociedad es transversal a la escena.

Toda la electrónica sabe qué cosas se están debatiendo. Ninguno de los engranajes que forman este entramado puede desentenderse, porque además quedan totalmente en evidencia. De hecho, lo están. Y así seguirán mientras exista un aval a esa actitud por parte de gestores y usuarixs.

Que no haya eventos masivos redujo las situaciones de acoso y abusos en las pistas de baile. Pero las cabinas volvieron. Y así como sigue viéndose que no se cumple el cupo, también hay nombres que siguen apareciendo pese a las acusaciones que recibieron en su contra por abuso sexual y violencia de género.

Y si están ahí, es porque hay otros nombres que deciden convocarlos, totalmente conscientes de que lo están haciendo. El otro lado “del aguante” que se construyó en la nocturnidad. Y acá se habla de que pasa tanto en una organización habilitada para hacer eventos, como en la más clandestina de las fiestas.

Insistir con esto nos compete totalmente como usuarixs. Sobre todo ahora que está sucediendo una renovación generacional, que trae nuevas formas de pensarnos en la escena para convertirla en un espacio más consciente; por ende, más disfrutable para todo el mundo que la compone.

Hay quienes tomaron nota de lo que está pasando y comenzaron con sus cambios. Sea por convicción o (hay que decirlo) marketing, lo están haciendo. Y en la otra parte están quienes siguen con sus comportamientos y vicios propios de una visión ya desgastada de lo que es la electrónica, más aún en el ámbito de la noche.

Mientras haya quienes eligen mirar para otro lado ante estas situaciones, que sigan figurando en carteleras o representando a un club u organización, no podremos jactarnos de lo que decimos que somos como escena: un espacio de respeto e igualdad.