El auge de la demanda de plataformas digitales para consumir contenidos no queda exento de la discusión sobre cómo estos también impactan en el medio ambiente.

El furor por mantener viva la cultura y esa relación especial de lxs artistas con sus fans posicionó al streaming como una de las principales herramientas para el sostenimiento del rubro.

Ya tenemos asimilados estos tiempos donde es inevitable encontrarse con un flyer, un anuncio, una publicación o un video en el que las productoras o los propixs artistas promocionan sus shows por esa vía de transmisión.

Es entendible, la crisis global sumada a la constante incertidumbre impulsó a que esta práctica se ubicara como algo habitual en nuestra vidas. Pero aunque no lo parezca, también hay que pensar qué impacto tiene en nuestro medio ambiente esta forma de distribución digital de contenido.

(Kon Karampelas)

Un enemigo invisible

El streaming como tal, sabemos, significa las transmisión en vivo de audio o video, lo que implica un enorme flujo de datos que viaja constantemente entre los servidores, las distintas estaciones terminales y los dispositivos (smartphones, computadoras, smart TV).

Su principal beneficio es la rapidez e instantaneidad con la cual se disfruta el contenido, pero existe un perjuicio que no es menor: el daño medioambiental.

Según un estudio realizado por la organización francesa The Shift Project, las tecnologías digitales emiten ahora el 4% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y aumentan el consumo de energía en un 8% al año.

En esta línea, el estudio plantea que otro punto importante a tener en cuenta es el consumo de energía en las terminales, infraestructuras de red y centros de datos, la cual asciende al 55%. Es decir, el consumo de datos «es responsable de la mitad del impacto global de la tecnología digital», advierte The Shift Project.

En tanto, la investigación The Cost of Music desarrollada en conjunto entre la Universidad de Glasgow y la Universidad de Oslo, demostró que el uso de energía para almacenar y transmitir archivos de audio digitales “en términos de plásticos utilizados y emisiones de efecto invernadero (GEI)” es superior que hace veinte años.

El estudio arrojó que para en el año 2000 las emisiones equivalían a 157 millones de kilos de plásticos, mientras que para el 2020 esta cifra asciende a 350 millones de kilogramos, solo en Estados Unidos. Como contrapartida, en ese período el uso del plástico en la producción de música en formato físico bajó de 61 millones de kilos a 8 millones.

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Posibles soluciones

The Shift Project plantea que debemos repensar las condiciones edilicias donde se radican los centro de datos, ya que allí se concentra el mayor flujo de estos y en consecuencia las emisiones aumentan. El estudio impulsa a “desarrollar sistemas de refrigeración y/o reutilización del calor que se genera en estos centros”, es decir, invertir en sustentabilidad y energías renovables.

En tanto, en lo que respecta a los usuarixs, se recomienda utilizar fibra óptica al momento de disfrutar una presentación vía streaming ya que es más eficiente y menos contaminante, por ejemplo, que el uso de datos móviles.

Otra de las acciones que podemos tomar como consumidores es la de borrar periódicamente nuestra bandeja de correo electrónico. Así estaremos liberando espacio en los servidores y evitando el uso excesivo de energía para su funcionamiento.

Lo cierto es que estamos atravesando una crisis que, por sus múltiples factores, no puede ser sorteada unilateralmente. Se necesita que lxs diversxs actorxs de la escena trabajen de manera conjunta tomando también, de manera urgente entre sus agendas, las problemáticas ambientales.