Dialogamos con Manuel Jove, autor del libro que habla de las responsabilidades detrás de la noche trágica de la Time Warp y rescata las historias de vida de los cinco jóvenes fallecidos, que fueron injustamente demonizados por la prensa nacional.

Pasaron ya más de tres años y medio desde la tragedia en la Time Warp. La herida sigue abierta y la sensación de injusticia sigue ahondando en las familias de las víctimas y en quienes sobrevivieron a la fatídica noche del 16 de abril de 2016. Vínculos políticos, una causa estancada y una serie de responsabilidades que parecieran no bastar con estar escritas en los expedientes para que la Justicia sea determinante en su avance.

«El éxtasis del poder» es el libro que el periodista Manuel Jove publicó recientemente bajo la editorial Gárgola y donde intenta echar luz para entender no solo el rol de cada responsable de la tragedia, sino también rescatar las historias de vida de los cinco jóvenes que perdieron la vida y que fueron revictimizados y responsabilizados por los discursos estigmatizantes en los medios de comunicación. Fatalidad que también le tocó muy de cerca.

Doctaclub dialogó con Jove, que repasa el proceso de investigación para lograr este material sobre «fiesta, drogas, muertes y un negocio millonario», como reza su portada.

Manuel Jove, autor del libro (@manujove)

– ¿Estuviste la noche de la Time Warp? ¿cómo recordás que viviste los momentos previos a que se desarrollara el evento?

– No estuve en la edición de 2016, que fue la que me motivó a escribir el libro. Había ido mano a mano con un amigo el año anterior, en 2015, también en Costa Salguero y ya había sido muy convocante. En 2016 siguiente fueron muchos de mis amigos, algunos solo iban al viernes y otros tenían planeado ir a la doble fecha. Yo el viernes, que era el día que hubiera preferido ir en 2016, no podía ir por un tema personal, así que esa vez no estuve.

– Tras la tragedia, los medios de comunicación instalaron un discurso muy demonizante sobre la escena electrónica, ¿cómo viste vos esa parte?

– Fue todo bastante especial desde lo personal. Primero porque me tocó de cerca. Bruno, uno de los chicos que falleció, era íntimo amigo de mi hermana, lo conocía de toda la vida. Fueron días y semanas difíciles en mi casa, entre mis amigos, entre los ámbitos que siempre nos movíamos. Lo de Bruno nos tocaba a todos, a los que lo conocimos más, a los que apenas lo conocieron o a los que ni si quiera eso. Y el otro tema que hacía que todo fuera todavía más complicado era mi trabajo. Estaba trabajando en uno de los canales de noticias más vistos, con una programación ininterrumpida de 24 horas de noticias. Obviamente que lo que había pasado en Costa Salguero era el tema del momento y la verdad que el tratamiento que tuvo el tema en general no me gustó desde el primer momento. De hecho, un par de días después de las cinco muertes lo agarré a quien era mi jefe en ese momento en el canal y le dije que no quería seguir trabajando ahí, que no me gustaba lo que estaba viendo en la pantalla ni me interesaba ser parte. Me preguntó si tenía algunos días de vacaciones guardadas y me recomendó tomármelas. Es que había mucha hipocresía, porque además de demonizar a la escena electrónica muchos se la agarraron con los pibes que murieron. Como si fueran los responsables de lo que les pasó. Y de las responsabilidades más profundas, mejor mirar hacia otro lado. Se habló hasta el hartazgo de esa supuesta pastilla Superman, que resultó ser todo marketing mediático. Comunicadores espantados porque los jóvenes se autodestruyen consumiendo «cualquier cosa» cuando la TV nunca en su historia paró de fomentar la cultura del consumo. Los presentadores de noticias indignados por una pastilla pero en la tanda publicitaria te ofrecen bebidas alcohólicas prometiendo una vida de éxito. Y, les cuento un secreto, se muere mucha más gente en el mundo por consumo problemático de alcohol o por accidentes de tránsito causados por conductores ebrios que por éxtais en fiestas de música electrónica. Pero muchísimas más. Y son cifras presentadas organismos como la Organización Mundial de la Salud, de la ONU, no es que se me ocurren a mi.

– ¿En dónde o en qué estuvo ese puntapié para empezar a armar este libro? ¿cuál es el punto que te motivó a encarar el proyecto?

– Un poco en esos mismos dos elementos que les contaba recién estuvo esa inspiración inicial para arrancar con la investigación. Fue quizás también una forma de encarar el duelo, de alguna manera. No se bien, pero siempre me gustó escribir, siempre sentí cierta facilidad para que las palabras fluyan cuando me siento frente a un teclado. A veces serán mas precisas, otras se irán más por las nubes, pero salen. Y en parte sentí que tenía que contar una versión que nadie estaba contando. P0or Bruno, pero por los otros chicos que ya no estaban, que ya no lo podían contar. Lo que pasó esa noche, por supuesto, pero todo lo que hay atrás. De esa noche y de otras muchas noches que se llevaron vidas pero nadie le había prestado atención alguna. Y de las complicidades, de un Estado que mira para otro lado, de un prohibicionismo en cuanto a las políticas públicas de drogas y adicciones que fracasó rotundamente, ya está más que probado. Muchas cosas las pensaba o las sospechaba pero otras muchas las fui descubriendo también a medida que avanzaba en la investigación, que averiguaba como funcionaban las redes mafiosas que organizan las fiestas que tantas veces disfrutamos. Y cada vez que hablaba con los habían perdido a un hijo, a un hermano o a un amigo en la Time Warp 2016 o en casos previos, la motivación se agigantaba más.

De izquierda a derecha: Andrés Valdéz, Francisco Bertotti, Nicolás Becerra, Bruno Boni y Martín Bazzano, las víctimas esa noche (Clarín)

– Durante el proceso, seguramente fue muy duro repasar muchas cosas de esa noche para las familias de las víctimas. ¿Y para vos?

– Si lo fue. Vale la pena aclarar que todo lo que uno pueda llegar a sentir no se acerca para nada al dolor de un padre que está sufriendo la ausencia de su hijo, de una hermana mayor que ya no tiene a su hermano, de una novia que pierde al pibe que ama entre medio de una multitud y esa es su despedida para siempre o de un joven que ve como se muere un amigo en sus brazos en una noche en la que habían ido a pasarla bien. Y todas esas son historias que a través de testimonios están relatadas en «El éxtasis del poder». La verdad que, así como me había tocado conocer personalmente a Bruno antes de esa trágica Time Warp, hoy puedo decir que el recorrido para escribir este libro me hizo conocer también a Nicolás, a Fran, a Andrés y a Martín. Cada uno con una historia que merece ser contada, con mucho pero mucho cariño a su alrededor y con futuros prometedores que se vieron cortados de golpe. Por eso es que me siento también obligado a agradecer y mucho a todas las familias que me abrieron las puertas, nada menos que en el medio del duelo, para contarme sobre ellos y ayudarme a conocerlos.

– En el prólogo, Eddie Fitte menciona «el inevitable recuerdo de Cromañón». ¿En «El éxtasis del poder» por dónde se puede dilucidar el por qué la tragedia de la Time Warp tiene puntos en común con la fatalidad del boliche de Once?

– Con Eddie, antes y después de que me pasara ese prólogo que me encantó, hablamos bastante de eso. Él, con apenas un par de años más que yo, me decía que veía esta Time Warp como lo que había sido Cromañón para su generación. Y creo que tiene sentido. Esa responsabilidad que le adjudicaron muchos a la música, al ambiente, a la gente, a los pibes que murieron, todo eso ya lo habíamos visto más de 10 años antes. Un Estado que debería regular pero prefiere mirar para otro lado, también, figurita repetida. La negligencia cómplice, el pensamiento de «total no pasa nada» que, como ciudadanos, aunque no esté bueno, podemos tenerlo. Todos, eh. «Hago esto o aquello, no va a pasar nada» o «mirá si me va a pasar justo a mi». Pero el que no se puede hacer el boludo con la prevención es el que justamente te tiene que cuidar. Y tanto en Cromañón como en Time Warp, esos que estuvieron en falta fueron los inspectores de la Ciudad de Buenos Aires. Hubo responsabilidad política en ambos casos. Y unos organizadores que no se calentaron en absoluto en cuidar a la gente que va, que priorizaron siempre llenarse más los bolsillos y que a vos, que pagaste buena guita por una entrada para estar ahi, te tratan como ganado.

El libro cuenta con el prólogo del periodista Eddie Fitte.

– Con los descubrimientos que fuiste haciendo a lo largo de la investigación, ¿tuviste alguna «sorpresa»? ¿algo sobre las responsabilidades que no te esperabas? ¿o te encontraste con un sistema corrompido a tal punto que no te generó sorpresa alguna?

– Me encontré con varias. Primero, esto de quiénes son los que están atrás de gran parte de las fiestas, o por lo menos hasta esa edición de Time Warp Buenos Aires de 2016. Son siempre los mismos nombres. Y aunque mucho de eso es vox populi y todos los habitués de la noche lo saben, ver los artilugios y estrategias que usan para hacerlo no deja de sorprender. Empresas fantasma con presidentes que son empleados, tercerización de títulos, nombres prestados. No se les escapa nada. Y además te vas enterando de a poco que la red abarca casi todo. Boliches en todos lados, las fiestas más importantes, los eventos de más «prestigio». Todo apunta al mismo lugar. Y justamente en ese lugar está el abogado Victor Stinfale. Conocer en detalle su historia fue otra sorpresa, se mandó las mil y una, tiene causas abiertas en cuanto juzgado federal busques, desde coimas por el encubrimiento del atentado a la AMIA hasta extorsiones a la viuda de Pablo Escobar, pasando por muchas cosas en el medio. De todo, en serio. Te hablo de un tipo que llegó a imprimir la cara de a quien consideró su enemigo en una alfombra para poder pisarlo todos los días. Cuando ves algo así, ¿cómo no te vas a soprender? Después, que la justicia es lenta y que está casi siempre de un solo lado de la mecha. Lo escuchamos cientos de veces y lo tenemos claro, pero verlo en este paso a paso también me shockeó. No está bueno generalizar, desde ya. Y no son todos lo mismo, hay gente que tiene ganas de que la justicia sea un poco más justa. A otros, la mayoría, no les importa mucho.

– Por último, ¿qué podemos hacer, como escena, para no olvidar esta tragedia y para que los vinculados con esa nefasta noche se hagan cargo de las responsabilidades que les competían?

– Quizás es una pregunta que no me corresponde responderla a mi, pero en primer lugar creo que la clave está en la misma pregunta: no olvidar. Tener presente lo que pasó para que no se repita. Identificar, si es que vuelve a pasar, cuando un evento no está cumpliendo las reglas básicas, cuando se excede en la capacidad de gente, cuando no se puede caminar con normalidad, cuando no venden agua, cuando no funcionan los baños, cuando no hay puestos de hidratación, cuando no hay ambulancias. No quedarse callados. No colaborar, en lo posible, con esos espectáculos que se cagan en la gente. La parte más importante, entiendo, que tiene que modificarse son las responsabilidades de los organismos pertinentes. Igualmente está bueno que todos tomemos conciencia que el consumo existe, que muchos eligen y seguirán eligiendo tomar una pastilla en una fiesta. Entonces hay que llevar a cabo políticas de reducción de daños. Explicar, ayudar, enseñar. Algo tan simple como repartir folletos con «que haces en caso de…» o con recomendaciones de qué sustancias hay que evitar mezclar. Para avanzar con esto primero hay sacarse las caretas, asumir que esto pasa y que va a seguir pasando. Dejar de juzgar, de intentar dilucidar si está bien o está mal. Si me preguntas a mi, la prohibición de drogas fracasó, hay que buscar otro camino. Despenalizar y concientizar. En Europa ya la vieron y lo vienen haciendo hace tiempo. Pero como te decía, eso ya nos supera a nosotros como partícipes de la escena y le toca actuar a los que nos tienen que cuidar. 

Sobre el autor

Manuel Jove tiene 28 años y es productor de TV desde hace casi diez. «Siempre, desde muy chico, tenía la certeza de que quería ser periodista. Cuando me preguntaban que quería ser cuando fuera grande, y con el realismo suficiente para saber que para futbolista no me daba, yo contestaba ‘periodista'», nos contó. Y aclaró: «igual sigo siendo un muy digno arquero».

Jove estudió Comunicación Social en la Universidad Nacional de Quilmes, su ciudad natal, al sur del conurbano bonaerense. En 2010 se inició como productor en el canal deportivo ESPN, para el programa Hablemos de Fútbol. En 2014 desembarcó en la señal de noticias TN, donde descubrió su pasión por la investigación. Y durante 2019 también fue productor periodístico para el programa Periodismo Para Todos (eltrece, conducido por Jorge Lanata). 

– ¿Hace cuánto tiempo llegaste a la escena electrónica y cómo?

– Creo que hace el mismo tiempo que a la producción de TV, o anda por ahí. Las primeras experiencias fueron en un bar de Quilmes que hoy ya no existe más, DOM. Fui la primera vez por algunos amigos que solían ir y la verdad que me gustó. La música, el ambiente. De chico iba por supuesto a algún boliche donde pasaban lo que en ese momento llamaba «marcha», pero era otra cosa, obviamente. En 2012 fui a la Creamfields por primera vez y ahí si que aluciné. Era un festival increíble, nunca había visto algo igual. Con muchos amigos, con tremendos DJs en cada una de las carpas, con una marea de gente, pero sobre todo con buena onda vayas donde vayas. Desde ahí se hizo una tradición ir con amigos y empecé a ir a fiestas grandes más seguido, me empecé a copar fuerte con el techno. Fui a todas las Creamfields desde ese año hasta la última que se hizo acá, en 2015. También a unas cuantas masivas más, fechas puntuales al Palacio Alsina o a Pachá bastante seguido y cuando podía no dejaba de ir al bar donde había arrancado todo, cerca de casa.

PODÉS COMPRAR EL LIBRO ACÁ.